NAPOLEÓN PISANI..,

NAPOLEÓN PISANI.., se encuentra en su estudio y les da a todos los visitantes la más cordial bienvenida...

Adelante amigos, siéntanse como en vuestra casa...

viernes, 14 de octubre de 2011

GABRIEL BRACHO

Napoleón Pisani Pardi
Fotos: Oswaldo Bronstein


    Dentro de pocos días, este gran muralista venezolano concluirá el mural El Sindicalismo, en la nueva sede de la Confederación de Trabajadores de Venezuela. A través de esta obra el artista narra gráficamente la historia del movimiento obrero nacional.

    En la Torre Sur 25 de la parroquia Candelaria, futura sede de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, fue donde llevé a cabo esta entrevista con el pintor Gabriel Bracho, hombre del Zulia, polémico defensor del arte realista, y vehemente animador del movimiento muralista venezolano. En este hermoso edificio de 18 pisos, el artista está a punto de terminar un mural (con la ayuda del pintor chileno Puente Guajaro) que le fue encargado por la C.T.V., el cual es un homenaje y un reconocimiento a la clase obrera en general, a sus luchas organizativas y a su afán por mejorar al país a través del trabajo permanente. Esta magnífica obra de 6,90 x 10 metros, cuyo título es El Sindicalismo, viene a reafirmar el talento creador del principal promotor del arte de los grandes espacios, del arte en la calle, del arte comprometido con la sensibilidad y los intereses de nuestro pueblo.

-      Bracho, siendo la pintura mural uno de los medios más eficaces para sensibilizar plásticamente a las masas, ¿Cuál crees tú que sea la causa de que en nuestro país no exista un buen movimiento muralista? Cosa, sin duda, que serviría para que el hombre del pueblo, siempre marginado por los encargados de dirigir las instituciones culturales del Estado, se familiarice con el arte y tome conciencia de su importancia en la sociedad.
-         Siempre he creído en el arte público, y ya, desde los años sesenta, logré una página dominical en el diario La Esfera titulada Arte Público. Allí, junto con Rodríguez Llamozas, Claudio Cedeño y Armando Lira, dimos una buena y larga pelea por quebrantar los moldes del arte privado, del cuadro de caballete, que sólo permite que la obra artística sea conocida por quienes asisten a museos, galerías de arte y colecciones privadas. El muralista rompe con esta apropiación del talento artístico y llega de manera directa al público, a quienes transitan por sitios donde hay obras como la de Tovar y Tovar en el Capitolio. En mis rectificaciones sobre el tipo de arte público que propugnamos ya, hoy, los Leonel Durand, Jorge Arteaga, César Rengifo, Pedro León Castro y González Bogen, está el aceptar como expresión ornamental pública, la obra de creadores como Soto, Alejandro Otero, Víctor Valera, Carlos Cruz Diez, Mateo Manaure y otros, pero reservándonos defender el arte social realista, como más propicio a la educación de las masas.


-      Nuestros críticos, por alguna razón muy misteriosa, no ven con buenos ojos a la pintura que plantee problemas de tipo social. ¿A qué crees tú que obedece esta actitud tan sospechosa por parte de estos señores?
-         Para mí no hay ningún misterio en el trabajo que realizan la mayoría de los críticos venezolanos. Responden a lo suyo, a la clase social a la que pertenecen, o a la cual prefieren servir.

-       ¿Qué es lo mejor que se debe hacer: socializar el arte o socializar la comprensión hacia el arte?
-         Una pregunta tan filosófica no es tan fácil de responder sin referirme al Estado como institución. Un Estado Capitalista exige súper estructuras que correspondan a su formación, en consecuencia la socialización del arte participa de la socialización del Estado. Sin embargo, tenemos el caso mexicano y al gobierno de Lázaro Cárdenas, que se vio en la necesidad de nacionalizar el petróleo, pero ya antes Vasconcelos, un visionario para aquel entonces, inició en la preparatoria un muralismo de carácter social realista, empleando a los artistas como simples maestros de escuela. En un país de analfabetos, de luchas diversas, el arte que penetra por los ojos como lenguaje universal, tenía que aparecer. Socialización del arte y su comprensión son el producto exacto de un mismo propósito.

-      La eterna controversia entre los creadores abstractos y creadores realistas, no han hecho otra cosa que confundir al hombre del común, al hombre menos culto, al hombre menospreciado por la gente que “está en algo”. Así que lejos de ayudarlo, esa discusión ha contribuido a su alejamiento de toda manifestación artística plástica. ¿No está ya bueno de tanto enfrentamiento estéril? En fin, yo pienso que los dos bandos tienen razón, puesto que en el arte, a mi pobre entender, no existe una verdad, sino muchas verdades.
-         Tienes toda la razón, pero con el agregado de que las clases elitescas propician un arte “ad hoc”. Por mi parte hace tiempo que abandoné ese “shadow boxing”.

-      Siqueiros dijo que Martín Tovar y Tovar era el mejor de los muralistas latinoamericanos, cuando vio la obra La Batalla de Carabobo en la cúpula del Capitolio Nacional. ¿Qué dijo Gabriel Bracho cuando estuvo frente al Juicio Final de Miguel Angel en la Capilla Sixtina en Roma?
-         Cuando vi por primera vez la Capilla Sixtina, lo que más me sorprendió fue pensar en ese carácter ingenieril que tienen los grandes artistas, pues para resolver una composición de esa conformación, se necesita imaginar tiempo y espacio, en otras palabras, pensar en el público. Hoy yo dispongo en los murales que estoy pintando, especialmente en el de la C.T.V., de grandes auxilios técnicos, como este andamio móvil, que me permite pintar como si estuviera frente a un cuadro de caballete.

-       ¿Qué opinas de la política cultural del Estado?
-         Si supieras que ha mejorado, y me refiero a todos los gobiernos que se han sucedido después de la caída de Pérez Jiménez. Observa como han ido apareciendo obras en la calle, yo mismo he recibido encargos del Estado, como mi mural Boyacá de Miraflores; la Cúpula Vitralística del Ministerio de la Defensa; este mismo encargo de una organización como la C.T.V., producto de la democratización de la cultura.


-      La excesiva comercialización de la pintura de caballete, ha traído como consecuencia que proliferen las malas galerías y los malos críticos, y, también, el desmoronamiento moral de uno que otro crítico, puesto que se han colocado al servicio, de manera solapada, de ciertas galerías del país. ¿Qué crees tú que se debería hacer para remediar este mal?
-         Yo creo que Venezuela está propiciando la creación artística a pesar de los malos comerciantes de las artes plásticas, en otras palabras, no ha sido posible eliminar la buena producción artística, debido a la voluntad del genio creador que existe en nuestro país.

-      Siendo tú un artista de pensamiento revolucionario, ¿por qué razón eres combatido y negado por algunos intelectuales de la izquierda venezolana?
-         El oportunismo cultural de muchos de nuestros políticos, incluso, he sido desautorizado por mis posiciones de defensor de una estética comprometida. Ahora bien, ya viejo, comprendo que en un momento dado, el arte y la cultura no son las mejores medidas para calificar a nuestros dirigentes, me estoy refiriendo precisamente a quienes más respeto y defiendo por sus valores en el campo de las luchas políticas y sociales. Por ejemplo, ¿qué ha sucedido con los encargos del metro?, simplemente que una élite se permitió escoger a ocho o diez artistas, y después invitar al perraje a que concursáramos para ver si se nos permitía colgar alguna obrita por allí, aunque sea en la parada de Gato Negro.


-      Tú fuiste el fundador y el principal animador del Taller de Arte Realista, en el cual militaban, entre otros, Nicolás Piquer, Jorge Arteaga, José Domingo Márquez, Mauro Bello, Antonio Rodríguez Llamozas, Claudio Cedeño y Luis Domínguez Salazar. ¿Qué trascendencia cierta tuvo en nuestro medio esa experiencia?
-         El Taller de Arte Realista sirvió para aglutinar a verdaderos creadores del arte con inclinación popular. Muchos no han podido olvidar esta experiencia. Nuestro Taller se movió por todo el país, y como pintandito hicimos gestiones políticas de envergadura, gestiones que ya habíamos iniciado contra la S.N., es decir, que colocábamos nuestros caballetes en la calle, trabajando en equipo, y hacíamos labores políticas directas con las masas. Esto tendrá que ser reconocido como base de la inclinación popular que existe en el país por la pintura. El Taller de Arte Realista tuvo una vida de cerca de diez años.

-       Los  Tres grandes de la pintura mural mexicana: Siqueiros, Orozco y Rivera, ¿han ejercido alguna influencia en tu obra?
-          Totalmente, porque las escaleras se hicieron para ascender.

-       ¿Qué mensaje podrías darle a la llamada generación de relevo? Si es que a estas alturas las orientaciones y mensajes son tomados en serio por los jóvenes de nuestro medio artístico.
-         Yo creo que si son tomados en serio, y que la juventud venezolana está haciendo obra pública en San Agustín, en el 23 de Enero, y en otras barriadas populares, como nos lo acaba de demostrar el catedrático norteamericano Alan Barnett en su reciente conferencia en la Galería de Arte Nacional. Barnett se llevó de Venezuela una magnífica impresión acerca de nuestro muralismo.

    Son las dos y media de la tarde, se terminó la entrevista que comenzara dos horas antes. Al alejarme de la Torre Sur 25, bella obra de arquitectura paralizada por causa de una absurda intervención, vi de lejos el mural de Bracho, composición de colores y formas vigorosas, que hacía detener el paso apresurado de los transeúntes, y hacía, también, detener los automóviles que pasaban frente a él. Entonces, emocionado, me imaginé a la ciudad con sus grandes paredes cubiertas de murales, modo perfecto de compenetrar con el arte al hombre del común, manera directa de identificarlo con su entorno social y de despertar en él un sentimiento de amor por su “hábitat”.



Entrevista publicada en la revista KENA Nº 419, el día 9 de junio de 1983.

El pintor Gabriel Bracho murió en Caracas el 6 de marzo de 1995.


LA CASA MUSEO GABRIEL BRACHO

El pintor Gabriel Bracho.

    En los Puertos de Altagracia, capital del municipio Miranda del Estado Zulia, se encuentra la Casa Museo Gabriel Bracho, donde nació éste importante creador venezolano, el 25 de mayo de 1915. A comienzo de la década de los años setenta, esta casa fue restaurada para luego ser convertida en museo y abrir sus puertas al público en 1977. En su interior se exhiben dibujos, pinturas, fotografías, grabados, muebles y objetos personales del artista, así como creaciones de otros colegas y amigos del pintor zuliano, tanto venezolanos como extranjeros. El 26 de septiembre de 1993 esta casa fue declarada Patrimonio Museístico y Artístico de la Nación, y posteriormente fue reconocida como Patrimonio Cultural del Estado Zulia. Cuenta con salas de exposiciones, sala audiovisual, y un amplio espacio que, frecuentemente, es utilizado por la comunidad para realizar diversas actividades.
    Laura Cardozo, directora de esta institución cultural, y quien fue amiga de la infancia de Gabriel Bracho, dice lo siguiente: “Esta casa es un ente artístico-cultural, educativo y turístico al servicio de la comunidad y de todos los visitantes. En sus últimos días el pintor me pidió que siempre esta casa estuviera abierta, para beneficio de la cultura de los Puertos de Altagracia, y para dar a conocer, con el mayor respeto y devoción, la vida y la obra de este gran artista plástico de proyección nacional e internacional”.


    En uno de los espacios de esta Casa-Museo, se encuentra un mural, de 120 metros cuadrados, titulado: Los Puertos y el petróleo, el cual refleja la historia regional, los personajes, las fiestas de la localidad y los cambios ocurridos durante la explotación del petróleo a este pueblo anteriormente agrícola y pesquero. Seis años tardo Bracho en realizar esta obra, pues el deterioro de su salud, lo obligaba a tomar varios descansos, para luego recomenzar el trabajo de esta impresionante creación de grandes dimensiones.
    Gabriel Bracho murió en Caracas, luego de batallar durante 17 años contra un cáncer de piel. Poco antes de morir, se le concedió el Premio Nacional de Artes Plásticas que, desafortunadamente, el artista no pudo recibir en vida.


UN HOTEL PARA ANULAR EL MUSEO REVERON

Napoleón Pisani Pardi

Maquinaria trabajando en el acondicionamiento del terreno
donde se construirá el edificio.

    El día sábado 22 de abril de 1978, publicamos un artículo en el Suplemento Cultural del diario Ultimas Noticias, bajo el título de Un hotel para anular el Museo Reverón, donde expresábamos nuestro malestar acerca de la construcción de un gran edificio en la entrada del callejón que da hacia donde se encontraba el Castillete de Armando Reverón. En ese espacio había una hermosa y espaciosa casa de finales del siglo XIX, que Diego Arria le había prometido conservar, a los vecinos de Las Quince Letras, para convertirla en Centro Cultural.
    Luego de publicado ese artículo en Ultimas Noticias, pudimos recabar más de mil ochocientas firmas entre los habitantes de Macuto, Maiquetía y La Guaira, para tratar de paralizar los trabajos de acondicionamiento del terreno para la construcción del edificio. Todas esas firmas, colocadas al final de un texto donde se exponía las razones del desacuerdo de la comunidad acerca de la construcción de aquel edificio, se las entregamos al periodista José Abinadé, director, para entonces, del Suplemento Cultural. El publicó parte de aquellas firmas en el diario Ultimas Noticias, haciendo la aclaratoria de que habían muchas más firmas en reserva.


    En ningún momento pensamos que estas líneas puedan servir para echar atrás la edificación monstruosa que servirá para anular el Museo Reverón. Ya todo está conforme y dentro de los reglamentos previstos en la ley. Las máquinas y los obreros han comenzado a acondicionar el terreno en donde crecerá la mole de concreto, el centro turístico del litoral central, el albergue para los miles de visitantes al país que no conocerán, pues no han venido para eso, a la casa de piedra de Las Quince Letras. A través de estas cuartillas sólo pretendemos drenar nuestra aflicción y nuestra cólera, por ese otro atentado contra la cultura nacional.
    En la Gaceta Municipal de fecha 8 de octubre de 1964, diez años antes de la inauguración del Museo Nacional Armando Reverón, dice, en el artículo 2, lo siguiente: “Se acuerda cumplir los trámites necesarios para la adquisición del referido inmueble, y de los que fueran necesarios para ampliar la sede del Museo”. Tomando en consideración este artículo aparecido en esa Gaceta, el actual director del Museo Reverón, el arquitecto José Luis Garrido, realizó un plan de actividades del Museo, del cual tomaremos algunos párrafos: “El Museo Reverón de La Guaira tiene una gran importancia para el resguardo de la memoria cultural del venezolano, en la medida en que está ubicado en la casa construida por el maestro Reverón, y donde desarrolló una de las etapas más fructífera de su trabajo creador. Sin embargo, esta casa no ha sido hasta ahora administrada con criterio de difusión cultural, ni de centro educativo en relación a la obra de Reverón. Ha privado, hasta ahora, un puro criterio conservacionista de los útiles, objetos y muebles, utilizados por el pintor. Nuestro proyecto de actividades se orientará básicamente a convertir ese espacio histórico en un verdadero centro de animación cultural. Adquisición por compra o arrendamiento de casa o local en la zona adyacente al Museo Reverón para cumplir con los siguientes objetivos:

a)    Creación de espacio de oficinas.
b)    Creación de espacios para salas de exposiciones.
c)    Creación de espacio para depósito de obras de arte.
d)    Creación de espacio cultural para actividades múltiples:
        conferencias, conciertos, teatro, cine y taller de plástica”.

Un aspecto del Caney, donde se puede apreciar su deterioro.

    Indudablemente que todas estas excelentes intenciones ahora no pueden hacerse realidad, puesto que el único espacio disponible ya fue tomado por los dueños del hotel en construcción, quienes, suponemos, pensaran lo bueno que sería convertir en discoteca o en “night club” la casa de ese viejo loco que se llamaba Armando Reverón.
    Desde el mismo instante de su creación, este Museo ha tenido una suerte fatal, pareciera que los diabólicos duendes que le arrebataron la razón al antiguo habitante del Castillete, continuaran rondando cada parte del mundo fabuloso que nos dejara Reverón. Durante los cuatro años y medio que permaneció Alirio Oramas, el director fundador del Museo, al frente de esta institución cultural, no encontró el apoyo suficiente del INCIBA, ahora CONAC, para llevar a cabo una mejor organización y proyección de este lugar tan venerado por todos los reveronianos del país. En unas declaraciones que recientemente diera Oramas a la prensa, dijo lo siguiente: “El proyecto original contemplaba conservar el ambiente del taller del genial pintor, pero con la condición de tener un edificio anexo, preparado como un auténtico museo moderno, es decir, con todos los adelantos técnicos y artísticos para que sirviera de sala de exposición permanente de las obras de Reverón, pues, claro está, no puede existir un museo sin pinturas. Terminado ese edificio, los cuadros y demás obras del fallecido pintor, nos vendrían del Bellas Artes y de colecciones particulares, pero nada de eso se logró. El edificio jamás fue construido y el Museo Nacional Armando Reverón, no pasó de ser una simple idea barajada por algunos entre whisky y whisky en cocteles propiciatorios para la charla inconsistente y cursi”.
    Como si no fuera suficiente estas desatenciones por parte de los organismos culturales del país, los cuales están en la obligación de cuidar y promover los valores que integran el patrimonio artístico de la nación, un incendio, ocurrido el 31 de diciembre del año pasado, destruye una parte del Castillete de Macuto. El fuego, la rapiña, la desidia, la burocracia y la demagogia, son, también, enemigos del viejo maestro de la luz. Todos estos elementos negativos han impedido que se lleve a cabo una programación que sirva para resguardar y proyectar, adecuadamente, la obra del mejor artista plástico que ha dado nuestra historia: Reverón, quien con sus manos, buenas para crear los objetos más extraordinarios y hermosos, y buenas para ejercer los oficios más rudimentarios y pesados, construyó su fortaleza frente al mar, para allí trabajar y albergar su obra portentosa.


    El próximo 10 de mayo se cumplen 89 años del nacimiento de Armando Reverón, una buena oportunidad para celebrar, con gran alegría y devoción, esta fecha tan significativa para el arte nacional. Un motivo excelente para ir a visitar las ruinas del Museo de Las Quince Letras, y para ir a contemplar, con verdadero beneplácito, el movimiento de tierra que hacen los tractores en el terreno donde se construirá el famoso hotel que, en honor al pintor, debería llevar su nombre. Los primeros “chicharrones” en ir a celebrar tan magna fecha en Macuto, serán: Diego Arria, el cual les prometió a los vecinos del Museo, convertir en Centro Cultural la casa que fue demolida, y que estaba en el lugar donde ahora se acondiciona el terreno para construir el hotel; Luis García Morales, con su grupo de ejecutivos de la cultura, quien dirá unas bellísimas palabras sobre la vida y la obra de Reverón; Alirio Oramas y José Luis Garrido, echando cada uno el cuento acerca de sus desafortunadas experiencias como directores del Museo; el Prefecto del Departamento Vargas, explicándole a los presentes que el desarrollo de la economía hotelera, en el litoral central, es de fundamental importancia para el intercambio artístico con otros países; el Gobernador Manuel Mantilla, informándole a los periodistas que para el año 1985, estará terminado un enorme complejo turístico en Naiguatá, que se llamará Juanita Reverón, en honor, por supuesto, de la abnegada compañera del pintor ya fallecido. Sí señor, el 10 de mayo estaremos en Macuto todos los que nos preocupamos por el acontecer artístico de Venezuela, como un sólido y vigoroso bloque humano, para rendirle culto a la memoria del solitario habitante de la casa de piedra, al maestro, sin rival, de la luz tropical, al mago genial de la forma y el color, al zurdo maravilloso que creaba como Dios, etc., etc., etc., quien, en compañía de Juanita y del mono Pancho, estarán, con sus presencias transparentes, ese día en el Castillete de Macuto, para sonreír, con ironía, al contemplar la manera de poner a funcionar, una vez más, la eficaz maquinaria de la principal institución cultural del Estado.

domingo, 18 de septiembre de 2011

GIO PONTI, ARMANDO REVERON Y CRISTINA GOMEZ

Napoleón Pisani Pardi


    Tres personajes que, por distintos hechos, razones y casualidades, se relacionan entre sí.

    El libro titulado: Cristina Gómez, maracayera, escrito por Germán Fleitas Núñez, y patrocinado por la Gobernación del Estado Aragua en el año 2003, es una publicación parecida a un álbum familiar, con muchísimas fotos, anécdotas, postales, y donde, además, hay dibujos, pinturas, poemas, pensamientos, partituras, y otras obras de arte, obsequiadas y autografiadas por sus autores, a esta hija del general Juan Vicente Gómez.
    Obras de Tito Salas, ALFA, Leoncio Martínez (Leo), Francisco Narváez, Tomás Golding, Pedro Elías Gutiérrez, Rafael Monasterios, Moisés Moleiro, Gregorio García, Berta Singerman, Mangoré, Eloy G. González, Antonio Muñoz Tebar, Raúl Santana, Chicharro Gamo, Eduardo Francis, Manuel Cabré, Armando Reverón, y otros más, ilustran este interesante libro, donde se narran, también, algunos episodios de la cotidianidad social, y de la historia contemporánea del país, que, de manera descarnada, retratan los aspectos menos favorecedores de la condición humana de ciertos personajes de la sociedad venezolana.
    Ahora bien, en este blog hemos publicado varios trabajos sobre Armando Reverón, como también hemos publicado una caricatura del poeta Domínguez Rivodó, realizada por Reverón, una faceta muy poco conocida del pintor, que nos pareció interesante y necesario dar a conocer. Como ahora hacemos con el dibujo que Reverón le obsequiara a la hija de Gómez en 1931, el cual aparece en el libro ya mencionado, de edición y circulación limitadas, desafortunadamente, pues es una publicación que tiene un contenido sumamente interesante, y merece, por lo tanto, una mayor divulgación. 

Croquis del Castillete, realizado por el arquitecto italiano
Gio Ponti, en 1954.

    Asimismo, y por ser poco publicitado, insertamos en este pequeño texto, el croquis realizado por el arquitecto italiano Gio Ponti en 1954, donde él señala todos los espacios que tenía el Castillete de Macuto, y que junto con algunas fotografías de Grazziano Gasparini, y un magnífico escrito acerca de Reverón, Ponti publica en la revista DOMUS Nº 296, en julio del mismo año. Menos de dos meses antes de morir el pintor.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

EMILITA RONDON

Napoleón Pisani Pardi


    “Ojalá y mis cuadros ayuden a quienes los contemplen, para que la vida se les haga menos dura y cancelen lo malo, que boten esas cosas que entristecen y se dispongan a vivir como Dios manda, con amor”.

    Emilita Rondón vive en Mampote, en la casa de su yerno, el pintor Adrián Serrano, quien más ánimos le diera en sus inicios en el arte. Ella nació hace sesenta y cinco años en Tovar, Estado Mérida. “Estando pequeña, veía a mi abuela y a mi mamá hacer figuras en anime para los pesebres de Navidad”. – cuenta –. “Puede ser que de ahí me venga el entusiasmo por la pintura, no sé”.
    En la sala de su casa, un ambiente adornado con todos los objetos que han sido creados para halagar la sensibilidad de los seres humanos, Emilita me habla acerca de sus inicios en la pintura, de sus planes y anhelos, y de sus experiencias como artista, como artista popular.


Sus primeras obras

    “Yo comencé a pintar después que se murió mi esposo. Hacía cuadros pequeños, donde aparecían gente bañándose o pescando en los ríos, uno de aquellos cuadros se llamaba “Despojo en el Río”. Las personas que más me entusiasmaron para seguir pintando fueron Victoria Gudiño y Adrián Serrano. Victoria es la directora de la Casa de la Cultura de Turmero. Ella y Adrián que está casado con mi hija Reyna, fueron los que más me ayudaron”.
    Emilita ha realizado 20 exposiciones individuales y participado en una gran cantidad de exhibiciones colectivas. Está representada en el Museo de Arte Popular de Petare; Museo de Arte Contemporáneo de Caracas “Sofía Imber”; Museo “Salvador Valero”, Trujillo; Fundación Polar, Caracas; Casa de la Cultura de Los Teques; Venezolana de Ferrys, CONFERRY, y en numerosas colecciones de Venezuela y del exterior. Además, ha obtenido importantes Premios y Menciones Honoríficas en algunos Salones de Arte organizados en el país.

Su mundo espiritual

    “Mi pintura está llena de vida y de sentido. Ella expresa, ante todo, la magia, la alegría, el color, la armonía, la religiosidad, que se encuentran alrededor de uno y que la gente no ve o no quiere ver. Los motivos que prefiero pintar son los paisajes de colores vibrantes, en los que se perciban una sensación de eterna primavera. Me agradan, también, los temas religiosos, los siento muy dentro de mí, y los realizó con una gran espiritualidad. Igualmente pinto matrimonios, porque le doy un toque humorístico. Y hago retratos de Simón Bolívar, porque siento mucha admiración y respeto por ese hombre que, para mí, fue el más grande de Suramérica”.


Una gran capacidad creativa

    Emilita es una de nuestras artistas populares que más trabaja. Ella hace muñecas de trapo, figuras de arcilla, teje cestas y sombreros en miniatura, “con cintas que saco de las bolsas de plástico. Yo les quito las asas y la tirita que las une por abajo, y luego comienzo con las tijeras a cortarlas en cinticas, y, por último, empiezo a tejer”. Uno de sus planes futuros, el que más le entusiasma y anhela, es el estar representada en los grandes museos del exterior, no obstante, muchas de sus obras se encuentran en varias colecciones privadas en Alemania, España, Estados Unidos y Suiza.
    “Ignoro el tiempo en el que me dedico a tomar los pinceles. Cuando lo hago, ansío expresar todos mis sentimientos. No me dedico a un solo tema porque no resisto la rutina, ni siquiera en la pintura. Suelo pintar en tela, cartón piedra, madera y en todo lo que parezca novedoso. No me gusta encerrar mis cuadros en un claustro, mis pinturas tienen espíritu y corazón. Me gusta la variedad. Referente al estilo, no sé lo que la gente llama estilo, a mí sólo me importa que mi obra le llegue a las personas”.


Los recursos técnicos

    Desde hace poco tiempo, a Emilita le interesa lograr mayores texturas en sus obras y, asimismo, trabajar en grandes formatos, “porque en ellos tengo más libertad” – dice –. “Pintar en esos espacios tan grandes, es como caminar sobre un campo lleno de flores, con un sol muy luminoso en un cielo inmenso, y muy azul. Otra cosa, Pisani, necesito sentir que mi pintura llegue a cada rincón de la Tierra. Eso obedece, tal vez, a que siempre he sido amante de los viajes, de conocer nuevas personas. Cada vez que algunas de mis obras se van para el exterior, yo viajo con ellas, porque en cada una de mis pinturas hay algo de mi persona. Además, mis cuadros llevan en sus líneas y en sus colores, el mensaje de amor más inmenso que les puedo ofrecer a mis semejantes”.
    Cuando Emilita organizó su octava exposición individual en el Taller “José Fernández Días” de Catia, en octubre de 1990, ella declaró lo siguiente: “Ojalá y mis cuadros ayuden a quienes los contemplen, para que la vida se les haga menos dura y cancelen lo malo, que boten esas cosas que los entristecen y se dispongan a vivir como Dios manda, con amor”.

Entrevista publicada en la revista Páginas Nº 1816, de fecha 4 de mayo de 1995.

Emilita Rondón falleció en Mampote, Estado Miranda, en el año 2006.

CARMEN LOPEZ

Napoleón Pisani Pardi


    Tiene 80 años, un talento muy especial para el arte y el humor y, como si fuera poco, una tremenda capacidad para emprender una considerable cantidad de proyectos, en los que siempre se evidencia su personalísima y colosal creatividad.

    Carmen López, artista popular, nació en Caracas el 7 de agosto de 1915. Y esos ochenta años en ningún momento le impiden llevar a cabo la actividad más disímil y constante. Ella pinta, modela figuras en arcilla, hace collares con piedras semi-preciosas, cinturones de cuero, y, con los materiales más insólitos, portarretratos al estilo Gaudí. También, para satisfacer la glotonería de los amigos que casi a diario la visitan en su taller, hace las sabrosísimas tortas que, ella dice, “son de inspiración”.
    Y Carmen ha participado en 43 exposiciones colectivas, 6 de ellas realizadas en el exterior, y organizado 4 muestras individuales. Ella comenzó a pintar hace más de veinte años. “Motivada por las cosas que veía y me gustaban – confiesa la artista –. Poco a poco, como si fuera una tarea, empecé a pintar esas cosas que me rodeaban y que, por alguna razón especial, me agradaban. Al lograr lo que me proponía, crecía mi entusiasmo, entonces hice algunos cuadros con temas más difíciles, donde el humor crítico apareció. Muchos de esos cuadros se encuentran en varias colecciones privadas”.


Una mujer que ama la aventura

    Carmen se dio a conocer en uno de los Salones de Arte Popular, patrocinados por Fundarte, donde obtuvo uno de los premios de adquisición. Un colorido luminoso y un dibujo seguro, limpio, caracterizan su obra, que ahora, debido a mayor dominio del oficio, se ha vigorizado y ampliado su repertorio temático. Escenas religiosas, elementos de nuestra flora y fauna, personajes del medio político y cultural venezolano, las fiestas populares, los sucesos que aparecen en las páginas rojas de los diarios, la vida nocturna de la ciudad, la marginalidad, las formas del amor, etc., son, entre muchos más, los temas que frecuentemente aparecen en sus cuadros. Toda esa heterogeneidad, motivó al periodista Daniel Espinoza a escribir lo siguiente sobre esta artista popular: “A través de una mirada ingenua, logramos percibir quién sabe qué número de sensaciones y emociones. A través de una mirada ingenua, nuestros sentidos pueden experimentar lo que en contadas ocasiones podemos vivir. A través de una mirada ingenua, Carmen López nos eleva a eso. Nos eleva a su visión de la vida, llena de color, de esperanzas, de celebración, con olor a alegría, a pasión por la pintura”.


    Carmen es una mujer que ama la aventura, y ese afán por vivenciar infinidad de situaciones le animó a viajar por varios países. De esos viajes guarda muchas anécdotas, que ella, con su particular manera de decir las cosas, nos cuenta algunas de esas anécdotas.
    “Entre mis anécdotas hay una que recuerdo con gran satisfacción. Estando en París, en el año 83, conocí a dos matrimonios, uno mexicano y otro colombiano, ambos pintores y miembros de la Comisión Latinoamericana para la Exposición del Grand Palais. Exposición muy importante, pues había la participación de artistas célebres del mundo entero. Por ejemplo, los artistas polacos, que eran ciento sesenta, tenían sus propios afiches y catálogos. A esta exposición fui invitada por los señores que antes había conocido. Debo aclarar que en París me encontraba de tránsito y, sin embargo, allí me quedé dos meses pintando, para no quedarle mal a esas personas que con mucha gentileza me invitaron a participar en la exposición. Durante todo el tiempo que estuve trabajando, ellos siempre me daban ánimo. La única pintura ingenua era la mía. Lo chistoso de esta historia sucedió el día de la inauguración. Para entrar al Grand Palais había dos colas, una para el público, que debía retirar sus entradas pagadas, la otra para los expositores, que tenían otra clasificación y no eran cobradas. Cuando me encontraba en la cola, un joven me dijo en español: ‘Señora, está equivocada de cola’. ¿Por qué?, le respondí. ‘Porque esa cola es para los que están exponiendo’. No estoy equivocada, joven, yo estoy exponiendo. ‘¿Y como hizo para exponer aquí?’, me preguntó el joven poniendo cara de incrédulo. No hice nada, le respondí enérgicamente, me invitaron y punto…”.
    Entre las numerosas exposiciones colectivas en las que ha participado Carmen, vale la pena mencionar algunas de ellas, las que por su excelente organización y sobresaliente calidad de las obras expuestas, es necesario señalar. Esto, obviamente, subraya, además, la aceptación que han tenido y tienen las creaciones de Carmen no solamente en nuestro país, sino también en el exterior: Museo “Salvador Valero”, Trujillo; Primer Salón Internacional de Pintura Naif, El Estoril, Portugal; Museo de Arte Popular de Petare; Museo del Fiaro, Santo Domingo, República Dominicana; Exposición en Homenaje a Santiago León de Caracas, Museo Sacro, Caracas; Asociación Venezolana de Artistas Plásticos, Caracas, y Museo Bolivariano, Bogotá, Colombia.


-       Oye, Pisani, déjame contarte otra anécdota muy buena, una amiga me regaló el libro “Pantaleón y las Visitadoras”, del escritor Mario Vargas Llosa; y me lo dedicó con la siguiente nota: “Doña Carmen, espero que la lectura de este libro logre inspirarla y posteriormente, estoy segura, podrá realizar una interesante obra”. Cuando vino el escritor a Caracas para firmar ejemplares de su último libro, “La Guerra del Fin del Mundo”, en un acto preparado en una de nuestras librerías, yo fui a esa librería para que también me autografiara ese libro, y viera, además, una pintura que yo había hecho inspirada en uno de los capítulos de “Pantaleón y las Visitadoras”… “¡Ah, Pantilandia!”, dijo Vargas Llosa al contemplar el cuadro, en el que aparecían un grupo de mujeres semi-desnudas, y, al fondo del mismo, la fachada del prostíbulo que Pantaleón, el protagonista de la novela, había creado en ese lugar de la selva peruana. “Pero ¡Dios mío!, exclamó Vargas Llosa, este cuadro es más pornográfico que la novela…”.

    Así es Carmen López, una mujer con un talento especial para el arte y el humor, y poseedora, además, de una asombrosa capacidad para emprender una considerable cantidad de proyectos, y en los que siempre se evidencia su personalísima y colosal creatividad.

Este artículo fue publicado en la revista PAGINAS Nº 1813, el 23 de marzo de 1995.

Carmen López murió en Caracas, el 12 de diciembre del 2006.

CONVERSACION CON LAS PINTORAS MARITZA MARIN Y OTILIA IDROGO

Napoleón Pisani Pardi

    Días antes de esta conversación con Maritza y Otilia, en el Museo de Arte Popular de Petare, habíamos convenido a través del teléfono, que la cita seria a las 10 de la mañana. 30 minutos después de esta hora, llega Maritza.

-       Tengo mucha gripe, anoche la pasé mal, tuve bastante fiebre – me dice de entrada, como a manera de disculpa por el retraso –.
-          Entiendo, no te preocupes – le contesté –, al mismo tiempo que la tomaba del brazo para llevarla hacia el banquito, donde segundos antes me encontraba sentado.
-          Acomódate aquí – añadí – descansa un rato, le daremos quince minutos a Otilia.

    A los quince impecables minutos, iniciamos la conversación sin la compañía de Otilia. Maritza me habla acerca de los temas de sus pinturas que va a exponer en el Museo.
    “Los temas son variados, temas de la muerte, temas místicos, temas sociales, temas del amor universal, del amor que se le da a todos los seres humanos, a los animales, a las plantas, a todas las cosas que nos rodea. ¿Mis colores?. Mis colores son fuertes – me contestó –. Hay una parte indígena en mí, como una fuerza telúrica que le agrada avasallar, por eso los tonos de mis cuadros son tan vivos”.
    Maritza Marín, como ella misma lo afirma, viene participando en exposiciones de pintura desde hace trece años.

Maritza Marín.

    “Mi primera exposición colectiva fue en 1977, en la galería “El Triángulo”, que estaba en La Pastora, en la calle que sube hacia la Puerta de Caracas.
    Ahí también estaba Otilia Idrogo, con la que participo en la exposición que se va a inaugurar el 19 de Agosto aquí mismo, en el Museo de Petare, donde en 1984 recibí un Tercer Premio con el cuadro titulado “El Incendio de Tacoa”, también, en éste Museo, me dieron una Mención de Honor con la obra “La Tierra hizo barro con mis lágrimas y me lo comí”. En Fedecámaras me gané un Segundo Premio con una pintura que se llamaba “La Vaca ya no da más”, eso fue en 1988. ¡Ah, espérate un momento!, también en Fundarte obtuve una placa con el cuadro “¿Cuál Máscara quiere?”, y en el Salón de Marina Mercante del 85 me dieron una Mención Especial con la pintura “Mi amigo El Metro”. También los bomberos del Municipio Sucre me otorgaron una Mención de Honor en 1986, por el cuadro “Crimen Ecológico”. Ahora aspiro otra recompensa, ya que he estado trabajando muchísimo para lograr eso. Bueno, eso tú lo sabes, pues estoy preparando la exposición que para el año próximo voy a realizar en el Taller “José Fernández Díaz” de Catia, y otra en el Museo “Salvador Valero” de Trujillo. Prada, que es el Director de este Museo, me dio esa esperanza, y como él es una persona seria y respetuosa con los artistas populares, creo que esa es una promesa que se va a cumplir”.
    La pintura de Maritza Marín es una de las más originales y atractivas de nuestro arte popular. Todas las escenas que aparecen en sus cuadros, llaman la atención por la manera tan personal de su ejecución, pues cada personaje y cada uno de los demás elementos que integran los motivos que ella pinta, se convierten de inmediato, gracias a la densidad de su talento, en las referencias plásticas más extraordinarias del mundo que nos rodea.
    “Son muchas las cosas que me motivan a pintar, la música es una de ellas. Cuando oigo tambores me convierto en una india y me provoca dar saltos; entonces pinto cosas de nuestro folklore. Pero si oigo una música de Bach, me elevo como si se me fuera el alma para el cielo. En uno de estos momentos pinté el “Cristo Cósmico”, donde El aparece en actitud de protección hacia todos los seres de la Tierra. Ese cuadro está en la colección de Agustín Coll, el cual trabaja en la Bigott. Mira, esa pregunta te la voy a contestar así: Otilia hace una pintura bastante limpia, tiene una luz muy particular. Ella trabaja mucho, pues hace cinco años más o menos que se quedó viuda, y ha tenido que luchar demasiado para salir adelante. Su esposo fue quien la animó a pintar, pues él también era pintor. Yo estoy muy contenta de exponer con Otilia, pues tengo fe en su pintura y tengo fe en la mía, así que las dos hacemos una buena alianza.
    Por esa misma razón pienso que esta exposición va a convertirse en algo muy bueno para las dos”.

Otilia Idrogo.

    Al terminar la conversación con Maritza, guardé mis notas en la carpeta y volví a encontrarme con las obras de Nabor Terán, el creador trujillano que en estos momentos expone en el Museo de Arte Popular de Petare. Cuando me encontraba frente a la escultura “María del recuerdo”, llegó Otilia Idrogo, envuelta en un sabroso aroma a guayaba, pues traía varias de estas frutas en una pequeña bolsa de plástico. Ella me obsequia una, y comenzamos a charlar de inmediato, ungidos con el delicioso olor de la guayaba, que me hizo olvidar mi malestar, por causa de su descomunal tardanza. Aunque Otilia es un poco reservada y tiene mala memoria, me habló, no sin cierta cautela, de sus experiencias como pintora popular. Ella – así me lo dijo – empezó a pintar en 1964, pero fue en 1975 cuando se da a conocer en una exposición colectiva que organizara “una galería que quedaba en Altamira, pero no me acuerdo del nombre de ese galería”. Otilia lleva a sus cuadros los recuerdos de su infancia en el campo, pero también le agrada pintar matrimonios y paisajes.
    “A veces pinto cosas que tengan un río clarito, muy transparente, así como éste, ¿se da cuenta?; bueno, pero yo también hago matrimonios y otras cosas, como de campesinos. Yo pinto con óleo, pues a mí no me gusta mucho pintar con pintura acrílica, se les va el color muy rápido. Mis colores son veneno, eso quiere decir que los mezclo todos para que me salgan más bonitos y no puedan copiar. Cuando yo veo que un pintor mezcla bastantes colores, entonces yo digo ¡ese si sabe pintar!, bueno, digo yo”.
    Esta creadora popular pinta, asimismo, sobre botellas de vidrio y sobre bombillos. Algunas de estas singulares obras serán incluidas en la muestra que el 19 de Agosto se inaugurará en éste Museo de Petare. La primera exposición individual de Otilia se llevó a cabo en 1984, en “La Cayapa” una galería que estaba situada detrás de la Iglesia El Recreo. En 1977, en el Segundo Salón de Arte Studio Fecha, obtiene su primera Mención de Honor; ese mismo año recibe otra Mención Honorífica, esta vez en el V Salón de Arte de la Marina Mercante; en 1985, logra el Premio Metro de Caracas, en el VI Salón de Arte Popular; en 1988, obtiene el Premio Salón de Arte Cervecería de Oriente; y en 1989, recibe Mención de Honor en el Salón “40 Aniversario de la Cervecería de Oriente”.

-       Otilia, ¿qué opinas tú de la pintura de Maritza Marín?
-          Yo sabía que me iba a preguntar eso. Bueno, para mí los cuadros de Maritza son buenos, ella es una pintora chévere, bueno, es lo que yo opino de ella. Desde que nos conocimos siempre nos hemos llevado bien. Yo espero, con el favor de Dios, que todo nos salga bien en la exposición que vamos a realizar aquí en el Museo. Ojalá y venga mucha gente, porque a mí me gusta encontrarme con las personas que yo conozco, y hacer nuevas amistades, pues a mí me gusta relacionarme con la gente. Yo pienso que es mejor hacer amigos que enemigos, ¿no es así?. Tome, le obsequio la última guayaba.

Entrevista publicada en el Diario La Religión, el 31 de julio de 1990.

Maritza Morales de Marín murió en Caracas, el 6 de julio de 1998.

ELSA MORALES

Napoleón Pisani Pardi
Fotos: Mariano Díaz


    Su obra es el ejemplo más valedero de la enorme capacidad creadora del pueblo venezolano. Pintora, hacedora de cuentos, poemas y muñecas de trapo, y ahora compositora de canciones.

    Elsa Morales, pintora, hacedora de cuentos, poemas y muñecas de trapo, y ahora compositora de canciones, es el ejemplo más valedero de la enorme capacidad creadora del pueblo venezolano. Ella, la que vino un día a Caracas desde una pequeña población cercana a esta ex-ciudad de los techos rojos, realiza todas estas actividades con la misma facilidad y talento que demuestra a la hora de cocinar cualquier plato, pues Elsa, para usar un término de moda, es una mujer completa, un ser que es capaz de pintar el cuadro más increíblemente bello, más conmovedor, al mismo tiempo que prepara el mejor de todos los asados del mundo. Esto viene a demostrar, otra vez más, que los menesteres erróneamente considerados menos excelsos, en ningún momento dañan la extrema sensibilidad del artista consagrado.


    La obra de Elsa Morales posee un dibujo y un colorido enérgico, donde habitualmente aparecen escenas propias de la ciudad: edificios, casas, calles, avisos luminosos, motociclistas, carros, policías, violaciones, atracos, heladeros, autopistas, etc., etc. “Cuando camino por esta selva de concreto – dice Elsa – corro a buscar colores para imaginar y pintar mundos de cosas bellas para los niños. Sin embargo, salen en mis cuadros gentes con cara triste. Hay alegría en los colores, pero una gran tristeza en las gentes que habitan en los edificios de apartamentos. A mí me tocó vivir para hacer una pintura de protesta, donde el individuo sienta la realidad del país”.

-   ¿Qué te induce a expresarte en tan distintos campos de la creación  artística?
-    Uno nace con diferentes inclinaciones, pero es ahora, cuando ya estoy madura, cuando se me ha permitido hacer todas estas cosas. En mí hay una gran necesidad interior de hacer arte de muchas maneras, pues yo soy un ser angustiado que tiene necesidad de estas siempre en movimiento, haciendo cosas y expresándome de muchas formas.


-   ¿Y en cuál de esas expresiones te sientes más cómoda?
-    Yo pienso que desde que tú me has puesto el título de “la mujer completa”, me siento feliz expresándome artísticamente de distintas maneras. Eso ha hecho que a cada rato reciba ofertas de matrimonio.

-   ¿Y eso te agrada?
-    ¡Caramba!, y a qué mujer no le gusta tener bastante de donde escoger.

-   Elsa, ¿qué piensas tú sobre el interés que últimamente se ha despertado en torno a las manifestaciones artísticas populares?
-     El arte popular es el arte que se dirige hacia todas las clases sociales. Es fácil de entender y de sentir, no es un arte pretencioso, y es a la vez un arte profundamente sólido. Sin embargo, creo que acá en Venezuela, si pensamos en otros países, no se le ha hecho mucho caso al arte popular. Porque hay una cosa, poner a unos artistas monos en un Salón, no es suficiente. Además, dentro de la llamada pintura popular hay muchos coleados. Mira, te voy a decir una frase mía, dentro de muchos bagres siempre se pesca una sardina...

-    ¿Y qué opinas de la crítica de arte?
-    Bueno, hay unos críticos muy serios, y hasta ahora, en particular, la crítica siempre me ha tratado bien. Hasta en los Estados Unidos, país donde he expuesto tres veces, he tenido suerte con la crítica. Allá las personas que realizan esa labor son muy estrictas, allá no se dejan llevar por el amiguismo, no señor, allá la cosa es muy seria. Si uno es bueno la crítica dice cosas buenas del artista, pero si se es malo, a pesar de la amistad que pueda existir entre el crítico y el artista, se le dice sus verdades.

-   Elsa, mucha gente sabe lo buena artista que eres, pero lo que no saben es que eres también una excelente cocinera. ¿Dónde aprendiste a cocinar tan sabroso?
-    ¿Qué donde aprendí a cocinar tan sabroso? Bueno, fíjate, desde la edad de siete años yo comencé a trabajar en diferentes casas de familia. Así que tuve que aprender a juro a cocinar, a planchar, a lavar… En esa importantísima universidad de la vida aprendí a cocinar, ¿satisfecho?.

-   Tú eres a nivel nacional e internacional, una de las artistas populares más sobresalientes. ¿Eso te asusta o te complace?
-    ¡Cónchale!, eso me satisface, pero lo que no me satisface es que uno tenga que pasar tanto trabajo en este país petrolero, en esta Venezuela Saudita, para poder vivir. Uno aquí vive con mucho trabajo, pues lo que tengo es fama, y con pura fama no se hace mercado.


-   ¿Tienes en proyecto algunas exposiciones?
-     El próximo año llevo otra exposición a “The Signs Gallery”, que es la galería que me representa en Nueva York. Pero me gustaría hacer una exposición, una gran exposición, en alguno de los museos que existen aquí en el país.

-    ¿Qué opinas de la política cultural del Estado?
-    Que es una porquería. Por ejemplo, en el campo de las artes plásticas no se está haciendo nada, porque hacer por las artes plásticas no es llevar a dos o tres artistas a una Bienal. Hay muchas Escuelas y Talleres en completo abandono. Hay muchos museos, de Caracas y del Interior, con un presupuesto miserable. Los ejecutores de la llamada política cultural del Estado, han despilfarrado el dinero y sólo ayudan a la gente que pertenece a su grupo y a los que le jalan mecate. Existen muchísimos artistas valiosos en el país, marginados por estos señores que se creen dueños de la cultura nacional.

-   ¿Cómo haces tú para comer, vestirte, pagar el apartamento, la luz, el agua, el teléfono, etc., etc., etc.?
-    Bueno, muchas veces dejo mi obra a medio terminar para vender artefactos eléctricos y otras cosas más. Porque esos compromisos, como el de cancelar la luz y el agua, no esperan a que uno tenga dinero con que pagar. Si, en nuestro país, el de los grandes recursos económicos, la existencia es muy dura para todo aquel que trabaje para embellecer la vida de sus habitantes. Más vale meterse a comerciante…

    “El arte es la más alta alegría que el hombre se dé a sí mismo”, decía Marx. Pero oyendo las declaraciones de Elsa Morales, la dulce artista de Santa Teresa del Tuy, la que habla con los pájaros de Guatopo, la que de una mirada nos adivina el porvenir, la bella morena que encanta a las serpientes y se ríe como los duendes juguetones de nuestra cordillera andina; pareciera que hacer arte en Venezuela es una ofensa para los ilustres dirigentes de la cultura nacional. “Más vale meterse a comerciante”, como dice Elsa, y montar un botiquín, y ponerle como nombre “BAR CULTURA”, y beberse allí dentro, al fondo blanco, un tronco de cóctel para olvidar. ¡Salud!.

Entrevista publicada en la revista KENA Nº 405, de fecha 11 de noviembre de 1982.

Elsa Morales murió en Barquisimeto, Estado Lara, el 3 de marzo del 2007.