NAPOLEÓN PISANI..,

NAPOLEÓN PISANI.., se encuentra en su estudio y les da a todos los visitantes la más cordial bienvenida...

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martes, 8 de marzo de 2011

ARCOS DE TRIUNFO, DE DURACION EFIMERA, REALIZADOS EN EL PAIS

Napoleón Pisani Pardi

Ferdinand Bellermann, Arco de Triunfo en honor a Bolívar,
y al fondo, la iglesia la Santísima Trinidad

El pintor paisajista alemán, Ferdinand Bellermann, nació el 14 de marzo de 1814 en Erfurt, una antigua ciudad de gran tradición universitaria y en la que también había estudiado Martin Lutero, y murió en Berlín el 11 de agosto de 1889. Durante el tiempo que estuvo en Venezuela, entre los años 1842 a 1845, realizó numerosos dibujos y pinturas de nuestro paisaje, y retratos de personajes importantes y populares del país, que fueron expuestos en la Galería de Arte Nacional en diciembre de 1991.




Arcos de Triunfo, de duración efímera, realizados en el país

1842: El Arco en homenaje al Libertador.
1872: El Arco diseñado por Ramón Bolet Peraza, con motivo de homenajear a Guzmán Blanco por haber derrotado a las tropas de Los Azules en San Fernando de Apure.
1888: Los Arcos de Triunfo erigidos en Caracas con la finalidad de homenajear los restos de Páez.
1895: Los Arcos en homenaje al Centenario del Nacimiento del Mariscal Sucre.
1905: Los Arcos en homenaje al Presidente Cipriano Castro durante su gira al oriente del país.
1906: Los Arcos construidos para celebrar las fiestas de la Aclamación a Castro.
1912: El Arco de la Independencia colocado frente al Palacio Federal, con motivo de la visita al país del Secretario del Gobierno estadounidense Philander C. Knox.

    En algunos momentos de nuestra historia, y por diferentes motivos, se construyeron en Venezuela algunos Arcos de Triunfo para celebrar, o conmemorar ciertos acontecimientos de carácter histórico. Algunos de mucha relevancia, y otros, de mediana importancia. El de más importancia, sin duda, fue el que se construyó para rendirle homenaje a los restos del Libertador, cuando estos restos llegaron a la Capital en 1842.
    El Gobierno de Venezuela comisionó al Coronel Agustín Codazzi para hacer construir en París un Arco Triunfal y el Carro que debía conducir la urna contentiva de los restos de Bolívar.
    Este fue un arco de madera, con carácter efímero, que se colocó frente a la iglesia de La Santísima Trinidad, donde hoy se encuentra el Panteón Nacional.
    El pintor alemán Ferdinand Bellermann, quien formó parte de la comitiva que acompañó los restos del libertador, desde La Guaira a Caracas, y que además realizó un dibujo de éste arco y de la iglesia, dice en el libro Diarios Venezolanos lo siguiente: “17 de diciembre de 1842. Triunfo del cuerpo de Bolívar. En la noche terminaron felizmente el arco de triunfo y era muy hermoso, como en general rodas las decoraciones que habían sido encargadas a París y eran admirablemente hermosas, sí, incluso espléndidas. En cambio todavía estaban trabajando activamente en el carruaje, y delante de todo el mundo. Todo debía comenzar a las 8 de la mañana, pero el carruaje estuvo listo apenas a las 11. Los corceles, que habían olvidado entrenar para el tiro, no querían tirar del carro, así que lo empujaron alrededor del arco, luego sacaron el cuerpo de la capilla y entonces el entusiasmo del pueblo se unió al carruaje y tiró de él; a los corceles los llevaron adelante”. Ferdinand Bellermann. Diarios Venezolanos. 1842-1845. Galería de Arte Nacional, Caracas. Venezuela.
 
Carmelo Fernández
Embarque de los restos del
Libertador en
Santa Marta, Colombia.












    El pintor Carmelo Fernández, sobrino del General Páez, Presidente de Venezuela en aquel momento, también realizó un dibujo del Arco de Triunfo en homenaje al Libertador. En la oportunidad de trasladar los restos de Bolívar al país, Fernández formó parte de la Comisión, encabezada por José María Vargas, que debía traer los restos sagrados del Libertador a Venezuela. Al pintor se le encargó reproducir todos los más importantes instantes de ese acontecimiento. 22 dibujos llevó a cabo Carmelo Fernández, que representaban los hechos más sobresalientes de los honores tributados a Simón Bolívar, desde Santa Marta a La Guaira y luego a Caracas. Algunos de esos dibujos, desafortunadamente, se encuentran extraviados.
    “El domingo 15 de diciembre de 1842, los fuegos de la “Constitución” y la diana precedieron a la aurora del día destinado para que el suelo natal recibiera los restos preciosos de su Libertador (Dice una crónica de la época). El interior de la iglesia parroquial colgado de luto y en armonía perfecta con toda la carrera (La crónica se refería a la iglesia San Pedro Apóstol, llamada también iglesia San Juan de Dios). Todos los cónsules y muchos particulares extranjeros izaron a media asta sus respectivos pabellones”. A ésta iglesia de La Guaira llegaron los restos del Libertador a las diez y menos cuarto. En la madrugada del 16 de diciembre, la Comitiva encargada de trasladar los restos del Libertador a Caracas, y otras personas que espontáneamente se unieron al cortejo, emprendieron el viaje hacia la capital.
    “En el camino nos encontramos muchos arcos triunfales erigidos para el paso del cuerpo de Bolívar (Dice Bellermann en el libro Diarios Venezolanos). Llegamos a Caracas a las 9 y cabalgamos por la calle de a tres en tres hacia el arco de triunfo, pero apenas lo estaban comenzando a construir, y también el carruaje estaba en la calle como un esqueleto; nada estaba listo, como si todavía quedara mucho tiempo”.
    Fermín Toro escribió un largo artículo acerca de los Honores Fúnebres consagrados a los restos del Libertador en Caracas, el 17 de diciembre de 1842, del cual tomaremos una pequeña parte:
    “Al amanecer del 17 los tiros de cañón rompieron con el alba, y el día se anunció claro y sereno para hacer más brillante y bello este recibimiento triunfal.
    La carrera designada comenzaba en la calle de Carabobo desde la capilla de la Trinidad hasta la esquina de la Sociedad, y desde aquí hasta el templo de San Francisco, designado para los funerales. Todo este espacio estaba elegantemente adornado. Grandes estandartes de terciopelo morado con franjas de oro y en el medio el busto del Libertador coronado de laureles rodeaban la prazuela del templo, y cuya fachada colgada de negro estaba hermosamente decorada con laureles y palmas plateadas. Entre estandarte y estandarte soberbios trípodes dorados cargando urnas ardientes, alternaban con elegantes columnas dóricas que sostenían cada una dos grandes pabellones, de un lado el de Venezuela y del otro el de una República amiga. En medio de los dos pabellones el gorro frigio se veía levantado en una alta pica, de la cual pendían negros crespones que caían flotando sobre un escudo que llevaba en letras de oro el nombre de Bolívar. No es fácil figurase la hermosura y noble perspectiva que formaban estos emblemáticos adornos”. Y más adelante continúa diciendo Fermín Toro: “Un poco más arriba de la cabeza del puente se hallaba colocado el arco triunfal, obra elegante de la experta mano de los artistas de París. No era ciertamente construido como para perpetuar este triunfo y recordarle a las edades venideras; pero sus dimensiones, forma y alegorías sorprendían los sentidos y hacían una impresión grandiosa”.
    El texto completo del artículo de Fermín Toro, se encuentra en el libro “A los 150 años del traslado de los restos del Libertador”, de Ricardo De Sola Ricardo, editado por el Banco del Caribe, Caracas, 1992; ver, asimismo, el libro VENEZUELA, Historias Civiles e Inciviles, de Francisco Salazar Martínez, editado por Librería Piñango, Caracas, 1978; y ver, también, el libro La Guaira, dos Siglos de Historia, de Luis Enrique González, edición del Concejo Municipal de Caracas, 1983; Memorias de Carmelo Fernández y Recuerdos de Santa Marta, 1842. Biblioteca de la Academia Nacional de La Historia, Caracas, 1973; Revista MEMORIAS de Venezuela, número 15, edición del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Caracas, 2010.

Ramón Bolet Peraza, Arco de Triunfo
en homenaje a Guzmán Blanco, 1872.

    Otro Arco de Triunfo efímero fue el que se construyó en 1872, diseñado por Ramón Bolet Peraza, hermano del escritor Nicanor Bolet, con la finalidad de homenajear a Guzmán Blanco por haber combatido y derrotado a las tropas de Los Azules, en San Fernando de Apure. Ese arco estuvo colocado al lado de la iglesia San Pablo, donde ahora se encuentra el Teatro Municipal.
    El inglés James Mudie Spence (1836-1878), en su interesante libro titulado La Tierra de Bolívar, dice lo siguiente acerca de los agasajos que se le iban a brindar a Guzmán Blanco en Caracas, con motivo del triunfo de Los Liberales contra las tropas de Los Azules en Apure: “Tres días antes de su llegada a Caracas la ciudad se convirtió en un taller por las preparaciones hechas para recibirlo. Puertas y ventanas estaban adornadas de banderas y guirnaldas, y los edificios públicos estaban artísticamente adornados de flores, banderas, lámparas y faroles. Al anochecer las calles estaban abarrotadas de la multitud que había salido a ver toda la ciudad incendiada de luces artificiales, e iluminada con una claridad casi meridiana”.

James Mudie Spence

    James Mudie Spence vivió en el país entre los años 1871 y 1872, y fue él quien organizó, en 1872, la famosa Exposición del Café del Avila, sitio que se encontraba entre las esquinas de Las Monjas y Principal. 527 obras se exhibieron en aquella exposición colectiva en el local de Ildefonso Meserón y Aranda, el cual solía anunciar su negocio en el diario La Opinión Nacional, de ésta manera: “Al Café del Avila, pues, todos los que quieran pasar en amena, culta y franca sociales horas de solaz y de recreo, al Café del Avila, al lado del Palacio de Gobierno, frente a la Plaza Bolívar”.
    Con motivo de la llegada de los restos de Páez a Caracas, se conformó una Junta Directiva que se encargaría de todo lo concerniente al arribo de los restos del Prócer a la capital.

Arístides Rojas

    Esta Junta Directiva conformada por el Ministro de Guerra y Marina; H. L. Boulton; Arístides Rojas y Carlos Yánes, publicó un aviso el día lunes 20 de febrero de 1888 en el diario La Opinión Nacional, en donde anunciaba que aceptaban licitaciones para varios trabajos de iluminación y adornos de las plazas, jardines y edificios públicos,  para los trece grandes arcos de triunfo que se colocarían en diferentes lugares de la ciudad, asimismo, solicitaban presupuestos para la construcción del gran Carro Triunfal de tres y medio metros de altura, por cuatro de largo y dos de ancho, en el cual se trasladarían los restos del General José Antonio Páez hasta el Panteón Nacional.
    En el diario La Opinión Nacional del día lunes 20 de febrero de 1888, La Junta Directiva publicó el siguiente aviso:
Anuncio de Hoy. Al Público
La Junta Directiva de los Honores a Páez, acepta licitaciones para los siguientes trabajos:

1)  Trece grandes arcos, que tendrán por base el ancho de la calle en las esquinas de las carreras, a saber: Estación del Ferrocarril de La Guaira, y esquinas de Solís, Muñoz, Padre Sierra, Concejo Municipal, Gradillas, La Torre, Veróes, Jesuitas, Tienda Honda, Puente de la Trinidad, Oropeza y Plaza del Panteón.
2)   Exornación con grandes parales, grímpolas, pebeteros, trípodes, florones, etc., del espacio comprendido entre dicha Estación del Ferrocarril y la esquina de Solís.
3)  Carro Triunfal de tres y medio metros de altura, por cuatro de largo y dos de ancho.
4)   Iluminación y adorno de las plazas, jardines y edificios públicos, durante las noches y los días de las festividades.
5)   Arenar todo el trayecto de la carrera desde el Ferrocarril hasta el Panteón Nacional.

    La Junta Directiva admitirá las licitaciones que se le dirijan acompañadas de los modelos, etc., desde mañana hasta el próximo 22 del corriente, en la oficina de su despacho, Pabellón de Relaciones Exteriores, parte baja, de 8 a 11 a.m. y de 1 a 5 p.m.
    En la Opinión Nacional del lunes 16 de abril de 1888, apareció una larga nota acerca de los Honores a Páez decretados por el Gobierno de Venezuela, de la cual tomaremos una pequeña parte:
    “A la 1 p.m. estará la Junta Directiva de los Honores a Páez, en la Capilla de Lourdes, para trasladar los restos al arco triunfal de la Estación del Ferrocarril de La Guaira, pues éste acto corre exclusivamente bajo la dirección de aquella, la cual tendrá dispuesto un coche especial para dicha traslación.
    A éste acto podrán concurrir las personas que gusten, en su calidad de ciudadanos”. Más adelante, la misma nota decía lo siguiente: “En el edificio que rodea a las edificaciones de la estación, y dando frente a la calle oeste 2 por la cual había de adelantar la procesión funeraria, se alzaba el primero de los grandes arcos triunfales de la carrera”.
    Estas fiestas en honor a Páez, se realizaron los días 17, 18 y 19 del mes de abril de 1888.
    Por ausencia de Antonio Guzmán Blanco, que no terminó de ejercer la presidencia en el bienio 1886-1888, pues en 1887 viajó a París donde vivió hasta su fallecimiento en 1899, se encargó del Poder Ejecutivo el Consejero Federal, General Hermógenes López, ahijado de Páez, y fue él quien repatrió los restos de José Antonio Páez, en abril de 1888.
    Desafortunadamente no pudimos encontrar ninguna fotografía de los Arcos de Triunfo que se realizaron en Caracas, con la finalidad de homenajear los restos del General José Antonio Páez, pero si encontramos mucha información escrita sobre ese acontecimiento histórico. En la revista El Cojo Ilustrado N° 102, del 15 de marzo de 1896, hay varias fotografías del traslado de los restos de Páez hacia Venezuela, en el puerto de Nueva York. En el museo de la Fundación John Boulton, existe una fotografía de los honores tributados a las cenizas de Páez, frente a la aduana del puerto de La Guaira, de donde se trasladaron sus restos a Caracas en el tren inaugurado 5 años antes por Guzmán Blanco. En esta población del litoral central no se erigieron arcos para homenajear al Prócer llanero.
    Para mayor información, ver el diario La Opinión Nacional, del 17 de febrero al 20 de abril de 1888; también, VENEZUELA, Historias Civiles e Inciviles, de Francisco Salazar Martínez, editado por Librería Piñango, Caracas, 1978; Caracas Habla en Documentos, de J. A. de Armas Chity, ediciones del Banco del Caribe, Caracas, 1979; La Guaira, dos Siglos de Historia, de Luis Enrique González, edición del Concejo Municipal de Caracas, 1983.

Antonio José de Sucre

    Con motivo de la celebración del Centenario del Nacimiento del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, se erigieron dos grandes Arcos de Triunfo en Caracas. Frente a la iglesia Catedral, y el otro en la Plaza del Panteón. En la revista El Cojo Ilustrado del 15 de febrero de 1895, se publicó mucha información acerca de ese importante acontecimiento histórico, y en ese mismo número de la revista, se puede apreciar las 2 fotografías de esos Arcos de Triunfo. En este mismo número se publicó una extensa información sobre el programa organizado en honor al Prócer venezolano: “Cumplido está de brillante manera todo el programa de la Celebración del Centenario de Sucre; y dignos han sido de su preclara memoria los honores a ella tributados. No ha quedado sin parte lucida y oportuna ningún elemento aprovechable; y Venezuela puede justamente ufanarse de que cuando suena la hora de celebrar las Glorias de su Independencia, todos los corazones laten a impulsos de un mismo sentimiento y se hace de la cultura social, la primera y mas digna ofrenda a los que tienen derecho a nuestra eterna gratitud por habernos dado, con la vida independiente, cuanto puede ansiar un pueblo que quiere correr libre por la senda de sus destinos.
    Antes de pasar adelante debemos cumplir con un deber de justicia, como ciudadanos y patriotas, significando nuestra gratitud de tales al Gobierno de la República que ha sabido estar en la gloriosa conmemoración a la altura de sus deberes; y presentarle nuestra congratulación por el brillante éxito de las fiestas decretadas por él, así como a la Junta Directiva del Centenario que ha sido incansable en sus acertadísimas labores.
    Sentimos que las circunstancias especiales de nuestra Revista no nos permitan hacer lo que la prensa diaria: extensa y detallada relación de las fiestas del Centenario. Obligados a referirnos a ellas en un solo número de El Cojo Ilustrado, tenemos que hacerlo con la brevedad que ésta circunstancia nos impone. Veamos, pues, cómo ha contribuido cada elemento al brillo de la Apoteosis de Sucre, clasificando en lo posible los actos que han tenido efecto en estos memorables días”. Y a continuación de este texto, la revista hace una detallada reseña de todos los actos realizados para honrar la memoria del Mariscal de Ayacucho, que por ser tan extensos, recomendamos ver la revista El Cojo Ilustrado Número 76 con fecha 15 de febrero de 1895.
Cipriano Castro

    También en la misma revista, pero de fecha 15 de julio de 1905, y con motivo de la gira del Presidente Cipriano Castro por los pueblos de la región oriental, se puede apreciar los Arcos de Triunfo que se construyeron para homenajear a Castro. “La gira del Presidente de la República por los pueblos de la región oriental, fue celebrada debidamente por la ciudadanía, que secundando el entusiasmo del Gobierno regional, se entregó a festejos dignos de la cultura que alcanzamos. De los arcos levantados con este motivo, de la llegada del General Castro a Puerto Sucre y de otras fiestas públicas, ofrecemos en este número siete fotografías, trabajo todas ellas del inteligente artista Avril”. Nota aparecida en ese número de El Cojo Ilustrado.
    Esos arcos, como todos los mencionados anteriormente en éste texto, fueron realizados en madera, y, obviamente, de duración breve.
    En la revista El Cojo Ilustrado de fecha 15 de julio de 1906 N° 350, se le dedican varias páginas a las célebres Fiestas de la Aclamación a Cipriano Castro. Una nota aparecida en la página 471 de esa publicación, dice lo siguiente: “A título de palpitante actualidad, publicamos en el presente número varias vistas tomadas del natural para El Cojo Ilustrado, con motivo de las rumbosas fiestas de la Aclamación de que ha sido objeto el ciudadano Presidente Constitucional de la República en su regreso a ésta capital, el 4 del mes en curso, después de su corta permanencia en La Victoria y Los Teques.
    La prensa diaria ha publicado extensos artículos sobre los festejos, lo cual nos releva del cargo de revistarlos.
    En los puntos más céntricos de la ciudad se erigieron arcos triunfales en honor del Presidente aclamado.
    Los grabados que insertamos hoy representan diversos aspectos de los festejos de la Aclamación”.
    Todos éstos arcos en honor a Castro, como el construido en 1912, frente al Palacio Federal para agasajar al Señor Philander C. Knox, Secretario de Gobierno Estadounidense, eran, igualmente, de duración efímera. En las revistas números 487 y 488 de 1912, de El Cojo Ilustrado, hay mucho material escrito y fotográfico, acerca de la visita del señor Knox y su señora esposa al país, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez.

Philander C. Knox
Arco colocado frente
al Palacio Federal.
El Cojo Ilustrado, 1912.

FOTOS ANEXAS


Cortejo fúnebre que conduce
los restos de Páez hacia
el embarcadero.
El Cojo Ilustrado 1896
Embarque de los restos en la
fragata americana Pensacola.
El Cojo Ilustrado 1896












Fiesta del Centenario de
Sucre. Arco de Triunfo
frente a la iglesia Catedral.
El Cojo Ilustrado 1895
Fiesta del Centenario de Sucre.
Arco de Triunfo en la Plaza del
Panteón. El Cojo Ilustrado 1895














 
Cumaná. Arco de la Restauración.
Foto de Henrique Avril. El Cojo Ilustrado 1905


Las fiestas de la Aclamación en Caracas.
Arcos en honor del General Castro.
Foto de Guerra Toro. El Cojo Ilustrado 1906



    El Cojo Ilustrado, 1892 – 1915. Sobre esta importantísima revista venezolana, el ilustre escritor Dr. José Gil Fortoul dijo lo siguiente: “El Cojo Ilustrado fue paladín de las ciencias y de las letras venezolanas, que al correr del tiempo no ha sido superado por otra publicación de su misma índole, ni siquiera igualado. Su fino papel, su nítida impresión, sus hermosos grabados, su original y escogida colaboración, hicieron de El Cojo Ilustrado el carro triunfal de la literatura en Venezuela”. Al evocar la vida de la gran revista que fue El Cojo Ilustrado, tenemos que tributar un merecido homenaje a su fundador J. M. Herrera Irigoyen, quien fue hombre de espíritu progresista y mecenas de nuestras letras.

viernes, 4 de marzo de 2011

LA EXPOSICIÓN UNIVERSAL DE PARÍS EN 1889

 

Autor: Napoleón Pisani Pardi



1889 es el año donde ocurren grandes acontecimientos en París. La inauguración de la Torre Eiffel, obra del ingeniero Gustavo Eiffel, es la principal atracción de La Exposición Universal en la capital de Francia.
Gustavo Eiffel

 Ese gran acontecimiento ocurre cien años después de la Revolución Francesa, y allí estaban presentes numerosas personalidades del país anfitrión y de otras naciones: el Presidente Sadi Carnot,[1] y todos los príncipes árabes y persas, los hijos del Kedibe de Egipto, el Gran Duque Nicolás de Rusia, el Bey de Zanzibar, el Sha de Persia, la Reina de Madagascar, la madre del Emperador de Alemania y casi todos los Reyes y Jefes de Estado europeos.
“La exposición se inaugura después del mediodía – escribe un periodista de la época – .El público es numeroso y alegre, todos los parisienses están en la calle, y al pie de la torre la Guardia Republicana ejecuta La Marsellesa”.
En aquel año de 1889, los pueblos del mundo fueron a ver las maravillas que se exhibían en los pabellones de los diferentes países representados en aquel inmenso,  hermoso y nunca visto espectáculo de lo producido por el hombre, por la naturaleza, por los dioses de todas las religiones, por lo inconmensurable del universo, por todo lo que la fantasía moldea sorprendentemente para enriquecer la existencia.


Entrada a la Exposición Universal de París

“Por veintidós puertas se puede entrar a la Exposición– dice José Martí en su artículo publicado en el tercer número de la Revista La Edad de Oro -.

 La entrada hermosa es por el Palacio del Trocadero, de forma de herradura, que quedó de una exposición de antes y está ahora lleno de aquellos trabajos exquisitos con plata para las iglesias y las mesas de los príncipes, los joyeros del tiempo de capa y espadón, cuando los platos de comer eran de oro y las copas de beber eran como los cálices. Y del palacio se sale al jardín, que es la primera maravilla. De rosas nada más, hay cuatro mil quinientos diferentes; hay una rosa casi azul.”
La gastronomía universal, los descubrimientos científicos, los avances de la técnica industrial, el arte en todas sus manifestaciones, las creaciones de los grandes poetas y escritores, las hazañas de los exploradores de todos los tiempos y todas las geografías, la historia de las batallas más cruentas, la vida de los políticos, de los sabios, de los santos, de los constructores de ciudades, de barcos, de templos, de fortificaciones, etc. Se podían apreciar en aquella inmensa Exposición, donde también se mostraba parte de la fauna más representativa de algunos países.

Pabellón de Venezuela

“El Pabellón de Venezuela – dice Martí -, con su fachada como Catedral”, muestra sus productos en hermosas vidrieras artísticamente colocadas, y que ocupan el cuerpo principal del edificio.
 En uno de los departamentos secundarios se exhibe una colección etnográfica, en otro, está la exposición de mineralogía. Y en un pequeño salón, a la derecha de la entrada, se encuentra la oficina del personal que nos representa en nuestro Pabellón: Antonio Guzmán Blanco,[2] Antonio Parra Bolívar, F. Cowaia, Alberto Lares y Carlos A. Villanueva.
“No es de admirar que la exposición de Venezuela se ubique en el rango de las más suntuosas y de las mejores establecidas entre las exposiciones americanas – dice una nota del diario venezolano La Opinión Nacional – puesto que ha estado bajo la hábil e inteligente dirección de su excelencia el General Guzmán Blanco, secundado por un Comisario Delegado tan apto como el señor Parra Bolívar”.“Una estatua de bronce del Libertador, dedicada al General Guzmán – continúa diciendo el autor de la nota periodística -.  Cerámicas de Miguel Herrera, que ofrece un buen número de piezas de muy buena fabricación, como son las de servicio de la casa presidencial, con orla de un azul pálido realzada en oro, y en cuyo fondo se destacan, con colores vivos el escudo de Venezuela. Este servicio es de un efecto muy hermoso, la pasta, de bella transparencia, está fabricada con Kaolín de Bermúdez. Mencionaremos también una bella exposición de telas de Valencia de la casa de F. Sales Pérez [3] y Co., y algunos sombreros de paja de Panamá del estado Lara, y otras especies de sombreros de paja, muy ordinarios todos, sin embargo”.
General Antonio Guzmán Blanco
Gustavo del Barral es el periodista autor de estos comentarios publicados en el diario La Opinión Nacional en 1889, que, por ser una importante fuente informativa histórica, seguiremos utilizando en este modesto trabajo acerca de la Exposición Universal de París.
“En Venezuela, donde la instrucción científica estaba muy adelantada, florece también la química. Además de la exposición de la Casa Cook e hijos, nos atrajo de una manera especial la gran vidriera donde distinguidos sabios exponen los productos que han descubierto. Aquí las investigaciones de los señores A. Müntz y Marcano sobre las aguas negras de las regiones ecuatoriales y en las tierras nitradas, nitrato de cal, de soda y de potasa, que fueron objeto de un informe de la Academia de las Ciencias de París.

Vicente Marcano

La industria azucarera está muy bien representada por las diferentes especies de azúcar que se consumen en el país y expuestas por Carlos Sánchez de Valencia. Los tabacos de Venezuela tienen una fama casi igual a los de la Habana, particularmente los de las provincias de Cumaná, Barinas y Maturín. Están muy bien representadas en el Campo de Marte por cigarrillos muy finos, muy elegantes, y magníficos productos de Pedro Carlos Morales, de J.M. Herrera Irigoyen [4] y compañía, y sobre todo de la manufactura de La Fragancia.”
En otras vidrieras se exhibían licores y numerosos productos farmacéuticos extraídos, en su mayor parte, de la flora venezolana. También se mostraba el vino de coca del Dr. Bermúdez, y los depurativos sacados de la zarzaparrilla, preparados por G. Sánchez, y la panacea, extraída de la misma raíz de zarzaparrilla, de José Félix Armas. En otras vidrieras se exponían en bandejas, grandes madejas de seda [5] de Caracas, muestras de diferentes especies de capullos blancos.
Productos de la agricultura y de los bosques del país, se mostraban en la Exposición Universal, también lo hacían, en forma colectiva, los cultivadores del café y los del cacao. En dos grandes vidrieras se podían leer que la cosecha anual del café era de 200.000 sacos, y los del cacao de 120.000 sacos.  Una hermosa acuarela daba idea de las vastas plantaciones de ambos granos de Don Federico de la Madriz, donde se producía el café a la sombra de los guamos y bucares. Por todas partes de La Exposición, arriba de las vidrieras, copones y vasos de cristal, estaban llenos de mil productos de la tierra venezolana. Anexo al pabellón se exhibía una pirámide de oro, cuyo peso era de 1.217.057 onzas, y su valor de 120.000.000 francos. Ese oro fue extraído de las minas del Callao desde 1881 hasta 1888. Junto a esa espectacular muestra de las minas del Callao, se encontraban muestras de las minas de cobre de Aroa, de la Compañía Callao bis y de la Compañía Venezuela Austin.
Asfalto de los Andes, carbón de piedra de la Isla de Toas, de Orituco, de Curamichate, de Taguay y de la sociedad Francesa del Neverí, se exponían al lado de los cafés, maderas, lana vegetal, aguas ferruginosas de Mariara y zarzaparrilla, que ofrecía Dolores B. de Tovar.
Insectos, cráneos de las diferentes etnias que habitaban en el país, un plano en relieve del nuevo puerto de la Guaira, obras impresas de Andrés Bello, Baralt, Arístides Rojas, Antonio Leocadio Guzmán, Francisco G. Pardo y José Antonio Maitín, formaban parte de las extensa y heterogénea colección de objetos que mostraba al público nuestro pabellón.
La música fue así mismo, protagonista importante en nuestro pabellón. Josefina Sucre Larrazábal, de quince años, y sobrina del gran músico venezolano Felipe Larrazábal, había sido escogida para representar al país enLa Exposición Universal, pues ya a esa edad, tenía extensos conocimientos de la técnica del piano. 
Allí, junto con su amiga Graziella Calcaño, interpretarían, a cuatro manos, valses criollos, los cuales, por su estructura rítmica, son muy diferentes al vals vienés.
 Estas ejecuciones de las dos jóvenes pianistas tuvieron mucho éxito entre el público asistente al Pabellón de Venezuela, y también, entre los invitados especiales por Guzmán Blanco, para ir a escuchar a estas virtuosas del piano al Gran Hotel de París.
Estas jóvenes venezolanas tuvieron la oportunidad de admirar la obra Carlota Corday del pintor Arturo Michelena, la cual obtuvo Medalla de Oro en aquella gran ocasión. Asimismo, se alegraron con el triunfo de otro artista venezolano, Emilio Boggio, quien ganó Medalla  de Bronce en la Exposición de 1889.

“La impresión que deja una visita a esta exposición – dijo un periodista francés – es lo más agradable, y se completa con una obra de estadística [6] muy interesante, escrita en cinco idiomas, la cual se ofrece gratuitamente al público. Venezuela es, merced a su clima, a la riqueza de su suelo, a la sabiduría de su legislación, un país que al igual de la República Argentina, ofrece las mayores ventajas para el inmigrante. Es un país, que como hemos visto, todo abunda, animales, vegetales y minerales, el hombre no puede vivir desvalido, pues siempre encontrará en que emplear sus brazos o su inteligencia”.
 Meses antes de inaugurarse la Exposición Universal, y después de su apertura al público, el mundo estaba pendiente de este gran acontecimiento histórico.

Dr. Juan Pablo Rojas Paúl

En Venezuela, donde era Presidente el Dr. Juan Pablo Rojas Paúl, había mucha expectativa por este acontecimiento, que no logró opacar la contienda electoral entre el General Raimundo Fonseca y Raimundo Andueza Palacios, candidatos a la presidencia de la República. El tema electoral era comentado constantemente en la prensa nacional de aquélla época, y, así mismo, era motivo de conversación cotidiana entre la población. Sin embargo, eso no fue impedimento para que se acrecentara el interés hacia lo que en ese momento sucedía en la capital francesa, interés que contribuyó a fortalecer los sentimientos de estima y admiración que, desde antes del primer gobierno de Guzmán Blanco, los venezolanos sentían por Francia.
Para el venezolano integrante de la clase privilegiada, París era el centro cultural del mundo, concepto que para él se corrobora cuando se inaugura La Gran Exposición Universal, donde la mayoría de los países de la Tierra concurren para dar a conocer su historia, y todo “cuanto ha descubierto y hecho el hombre desde que andaba por los bosques desnudo hasta que navega por lo alto del aire y lo hondo de la mar “como lo dijo José Martí en su escrito acerca la Exposición en París.
Caracas era una ciudad afrancesada, donde el único idioma que se estudiaba con entusiasmo era el francés, y la mayoría de los textos que se utilizaban en el bachillerato y en la enseñanza universitaria eran franceses. Era un privilegio haber vivido en la “ville lumiere”, o tener un familiar estudiando, o trabajando, o haciendo vida de bohemio en Francia.
Estaba en boga incorporar palabras en francés durante las conversaciones cotidianas. Decir “merci”, era más elegante que decir gracias, como también era elegante decir “je suis fatigue”, en vez de estoy cansado. También era símbolo de refinamiento, “aller” al negocio de delicateses “La Mejor”, de Carlos Zuloaga Tovar (padre de Armando Zuloaga Blanco, joven estudiante anti-gomecista quien murió en Cumaná durante el desembarque del Falke en 1929) que estaba frente a la Plaza Bolívar, ya que en ese negocio, todo, o casi todo, era traído de Francia.
A través de la adquisición de algunas delicateses importadas de ese país europeo, solicitadas en idioma francés, sin duda, los integrantes de la élite caraqueña, se sentían muy cercanos en” pensamiento, palabra y obra”, a la nación del gran Víctor Hugo.
En Caracas, “el París de un piso” de Guzmán Blanco, todo lo que se relacionara con Francia era lo preferido por la clase pudiente. Fue así que el peluquero francés Jacquet, se convirtió en el estilista más solicitado y mimado por las señoras y señoritas elegantes y de buen tono de la ciudad.
Bajo una atmósfera a lo Claude Monet tropical, el almacén “Bon Marche” del centro de Caracas, exhibía en sus escaparates lo último de la moda francesa. Y la “Panadería de Gradillas”, a través de un anuncio publicitario, decía que su “croissant” no tenía diferencia, en cuanto a calidad, con el que desayunaba la gente “chic” de París…
A comienzos de 1889, el Presidente Juan Pablo Rojas Paúl dispuso por un Decreto, enviar a París la banda que el General Francisco de Miranda llevó como soldado de la libertad en las Campañas de Bélgica y Holanda, para ser exhibida en el Pabellón de las reliquias militares de la Revolución Francesa. Dispuso, así mismo, en ese Decreto, la publicación de un libro contentivo del retrato, correspondencia oficial y particular y proclamas de Miranda en la época de la Revolución, con igual destino que la banda militar. También, y con el mismo fin,  llevó a cabo la acuñación de una moneda de oro conmemorativa del primer centenario de la Revolución Francesa, y que Venezuela dedicó a esa gran nación europea. Igualmente se le envió al Presidente de ese país amigo, el señor Sadi Carnot, el Diploma de la Orden del Libertador en Primera Clase, junto con las insignias correspondientes.

El Presidente de Francia
 Sadi Carnot

Esta acción del gobierno de Rojas Paúl, que representó una muestra de amistad, de respeto y admiración hacia Francia, fue muy bien recibida por el Gobierno y por el pueblo de esa nación amiga.
En Venezuela, la prensa nacional no dejaba de publicar pequeñas y extensas notas acerca del Centenario de la Revolución Francesa. Sobre este hecho histórico, y a manera de invitación, La Legaciónfrancesa en Caracas, publicó un aviso en idioma francés en el Diario La Opinión Nacional, que decía así:
Legation de France
A l’occasion de la Fete Nationale de 14 Juillet, le charge d’ Affaires de la Repúblique Francaise a Venezuela e l’honneur d’ informer francais réndant á Caracas qu´ il sera honreux de les recevoir á la Legation, dimanche prochain a 10 heures du matín.
Le Charge d’ Affaires
G. Ritt

Allá en parís, en el marco de La Exposición Universal, el Centenario de la Revolución fue celebrado apoteósicamente. Por supuesto que allí se encontraban Antonio Guzmán Blanco y Ana Teresa, su mujer, el duque de Morny y su esposa Carlota Guzmán Ibarra, así mismo estaban allí el Señor Antonio Parra Bolívar, F. Cowaia, Alberto Lares, representante del Zulia, y Carlos A. Villanueva, también estaban presentes los pintores Arturo Michelena, Cristóbal Rojas y Emilio Boggio.  
Emilio Boggio
Muchos  productos nacionales y trabajos de investigación científica que se exponían en nuestro Pabellón, recibieron más de 150 Premios y Menciones Honorificas. La Junta Venezolana de la Exposición Universal de Paris era la encargada de enviar a Venezuela la lista de los premios concedidos a los expositores en aquel concurso, entre los cuales mencionaremos los siguientes: Gobierno de Venezuela. Colección de Cafés descerezados y trillados: Gran Premio; Nicanor Linares. Café caracolillo descerezado y en pergamino: Medalla de Oro. J.R. Suárez. Café trillado: Medalla de Oro. Compañía el Callao, Mineral de Oro: Gran Premio. Ministerio de Fomento, Colección de Minerales diversos: Medalla de Oro. Compañía de las  Minas de Aroa, Minerales de Cobre: Medalla de Plata. Señor Parra Bolívar, Colección de mármoles: Medalla de Bronce. G. Sánchez, Extracto de Zarzaparrilla:  Medalla de Bronce. Dr. Bermúdez, Vino de Coca: Medalla de Oro : señora Dolores B. de Tovar, Café Trillado: Medalla de Oro.  
Empresa  El Cojo, Registro y Sobres: Medalla de Plata. Vicente Marcano y Dr. Müntz, Química Agronómica: Medalla de Oro. General Antonio Guzmán Blanco, cacao Chuao y Café: Gran Premio. Elías Burguera, de la Comisión de los Andes, Cereales y Harinas: Mención Honorífica. Cook e hijos, Productos Químicos y Farmacéuticos: Medalla de Plata. Francisco de Sales Pérez, Tejidos de Algodón de los Telares Valencia: Medalla de Plata. Ramón Elizondo, Cacao: Medalla de Plata. Vicente Marcano y Dr. Müntz, química agronómica: Medalla de Oro. General Antonio Guzman Blanco, Cacao Chuao y café: Gran Premio. Elías Burguera, de la Comisión de los Andes, Cereales y Harina. Mención Honorifica. Kook e hijos, Productos Químicos y Farmacéuticos: Medalla de Plata. López Rivas, Litografías y Trabajos de Imprenta: Medalla de Bronce. Gobierno de Venezuela, Colección de obras de Administración y estadística: Medalla de Plata.
Para los comerciantes que deseaban tener relaciones con diferentes países, se había instalado una oficina de información e instrucciones para extranjeros en la Explanada de Los Inválidos. Dicha oficina estaba dirigida por un Comisionado del Ministerio de Marina y de las Colonias, en ella se informaba a los visitantes del Gran Certamen, de las publicaciones políticas y económicas de Francia y el mundo entero, escritas en todos los idiomas. Este era un centro útil, no solamente para quienes pretendían iniciar relaciones comerciales con algunos países, sino también, para guiar de manera segura en los negocios, a los que ya, desde un tiempo, habían establecido vínculos económicos con otros países.
Todo se había organizado de manera impecable. El Comisionado General de la Exposición, junto con su infatigable y eficaz equipo, había logrado obtener un resultado satisfactorio en la dirección del montaje, conservación, promoción, y seguridad del personal que trabajaba en La Exposición, como de los miles de visitantes que a diario recorrían sus instalaciones.
Durante La Exposición Universal de París, ocurrió un hecho interesante que es digno de contar. Al Barón de Almeda, Ministro de la República Dominicana, se le ocurrió la idea de invitar a los embajadores de varias monarquías a su banquete en el Hotel Continental en París. El barón de Almeda no quiso aparecer como el promotor de la idea, entonces le pidió al Ministro de los Estados Unidos que presidiera el banquete y pronunciara el discurso de apertura. Mc. Lane, que era el Ministro estadounidense, aceptó la petición del dominicano. Así que entonces se les repartieron invitaciones a los embajadores de las monarquías residentes en París, pero ninguno de éstos aceptó la invitación. El embajador de Austria-Hungría, que no podía olvidar a María Antonieta, no asistió al banquete. El embajador español recibió la orden de María Cristina [7]Reina Regente de España, de no asistir. 

María Cristina de Austria. Reina Regente de España

Estando ausente el Embajador inglés, los funcionarios de la embajada declinaron la invitación. El conde Munster, embajador alemán, telegrafió, pidiendo instrucciones y se le contestó que se mantuviera ausente. El embajador ruso recibió  una orden semejante. El turco estaba en Constantinopla. El italiano se excusó con algunas palabras sentimentales, lo mismo hizo el Nuncio Papal. Los ministros danés y sueco, no aceptaron la invitación.
“El banquete, bajo todas las circunstancias, parecía una demostración de todas las repúblicas contra las monarquías”. Dijo el corresponsal del Times de Londres en París, pues todas las repúblicas americanas concurrentes a La Exposición Universal, eran quienes invitaban a los embajadores de algunas monarquías al famoso banquete del Hotel Continental.
Para muchos aquella ocasión será recordada como la primera vez en que todas las repúblicas se mostraron agrupadas bajo la presidencia de un representante del gobierno de los Estados Unidos. Parece que Mc. Lane recibió el permiso especial de su Presidente, para asumir esa posición. Con ello el gobierno estadounidense demostraba de plano, su deseo de asumir esa actitud proteccionista hacia todos los países de América.

Ernst Hemingway

“París era una fiesta”, como diría el escritor Hemingway, en aquel verano de 1889. 

Esa ciudad brilló como nunca antes, especialmente en el Campo de Marte, donde su cielo particular, su íntimo cielo iluminado por la magia del hombre, impidió que la noche ocultara la magnificencia de aquéllas arquitecturas realizadas por los pueblos del mundo.
En un privilegiado espacio de la capital francesa, las distintas culturas de la Tierra se juntaron para enseñar sus historias, sus gastronomías, sus expresiones artísticas, sus inventos científicos, sus creencias religiosas, sus animales, sus vegetaciones, sus aguas, sus montañas, en fin, mostraron la totalidad de sus vidas, ofrecidas con esmero, con devoción y con amor, por los creadores de aquéllas construcciones efímeras, próximas a ser derribadas al finalizar la Exposición, como así fue, donde sólo sobrevivió la gran torre de metal, salvada por la emocionada y justa  acción de los habitantes de París, y que, merecidamente, luego se convirtió en el más popular símbolo de la ciudad. Visitada y alabada por millones de turistas, tema en canciones de Edith Piaf, Charles Aznavour, George Brasseus  y Jean Michel Jarre. Retratada por los pintores Maurice Utrillo, Henri Rousseau, Paúl Signac, Georges Seurat, Pierre Bonnard, Robert Delaunay, Marc Chagall y nuestro Arturo Michelena, pero también odiada por algunos, como el escritor Guy de Maupassant, quien frecuentemente subía hasta lo más alto de la torre, porque según él:

Guy de Maupassant

“Es el único sitio de la ciudad donde no puedo ver este adefesio”.

La Torre Eiffel tiene hoy 121 años de historia, y por toda su existencia nos recordará que ella fue protagonista principal de un acontecimiento excepcional: La Exposición Universal de París en 1889, donde las naciones del mundo se unieron para celebrar el Centenario de la Revolución Francesa, fuente de inspiración verdadera para quienes siempre batallan a favor de la libertad, igualdad y fraternidad de los seres humanos.


[1] Sadi Carnot era Presidente de Francia, cuando en 1887 Arturo Michelena obtiene el Premio Medalla de Oro, en el Salón Oficial, por su obra  El Niño Enfermo. Días después de recibir esa recompensa, Michelena fue invitado al Palacio del Eliseo, para ser agasajado  por el Jefe de Gobierno francés.
[2] Antonio Guzmán Blanco no terminó de ejercer la presidencia en el bienio 1886 – 1888, pues en 1887 viajó a París donde vivió hasta su muerte, ocurrida el 28 de julio de 1899.
Por ausencia de Guzmán Blanco, se encargó del Poder Ejecutivo el Consejero Federal, General Hermógenes López el 8 de agosto de 1887. Y por no haberse reunido oportunamente el Congreso Nacional para elegir Consejero Federal y de allí Presidente de la República, el General Hermógenes López continuó ejerciendo la Presidencia hasta el 5 de julio de 1888.
Hermógenes López fue quien repatrió los restos de José Antonio Páez, el 9 de abril de 1888. Guzmán siempre se negó a traerlos al país, pues decía que había existido dos Páez, el de la Independencia, Las Queseras del Medio, La Mata de Miel, El Yagual, Carabobo y Puerto Cabello, pero que también hubo el de La Cosiata, la disolución de la Gran Colombia, el del patíbulo de Calvareño y el Páez de la oligarquía.
[3] El escritor Francisco de Sales Pérez, fue un protector del pintor Arturo Michelena. A la edad de 12 años, Michelena le ilustró el libro titulado Costumbres Venezolanas. Fue este escritor quien consiguió la beca del pintor para ir a Francia en 1885.
[4] Jesús María Herrera Irigoyen, fue el director de la revista quincenal El Cojo Ilustrado, 1892-1915. Durante la administración del General Cipriano Castro, Herrera Irigoyen fue Ministro de Fomento.
[5] En 1840 se plantó por primera vez en Venezuela, el árbol de la Morera, en el mismo lugar donde hoy se encuentra el zoológico de El Pinar.
Con un capital de 20.000 pesos, y 2.000 acciones a 10 pesos cada una, el general Gregorio Mac-Gregor, Presidente, y el Dr. José María Vargas, Vicepresidente, fundan una compañía para la alimentación de la Morera y beneficio de la seda en Caracas. Entre la Junta Directiva se encontraban: José Antonio Páez, Carlos Soublette, Diego Bautista Urbaneja, Carlos Arvelo, Martín Tovar Ponte, Andrés Narvarte, Presbítero Mariano Fortique, Guillermo Smith, Santiago Ponte y José de Jesús Paúl.
Las primeras madejas de seda, la Compañía las regala, como una demostración de cortesía, a varias familias de la sociedad caraqueña.
A la muerte del general Mac-Gregor, en 1845, la Compañía se disuelve. En 1881, el italiano Redaelli vuelve a sembrar la Morera en el mismo espacio donde se plantaron por primera vez en 1840. y fue este empresario italiano, quién envió madejas de seda a la Exposición Universal de París en 1889.
La empresa dejó de funcionar años después, al cesar la protección económica del gobierno venezolano.
Finalmente, el 6 de agosto de 1907, se aprobó un contrato entre el Ministerio de Fomento y el Sr. Alejandro Ducharne,  para la siembra de la Morera en las estancias de Cotiza o Anauco Arriba, donde se habían hecho experimentos exitosos para el cultivo de este árbol, pero luego se abandonó el proyecto.
[6] Es probable que la obra de estadística a la cual se refiere el periodista francés, haya sido realizada por el historiador venezolano Manuel Landaeta Rosales, y con una extensión, en cuanto a contenido, no muy abundante, que sería lo apropiado para ser repartido gratuitamente, y en cinco idiomas, entre los visitantes al Pabellón Venezolano.
Bajo el patrocinio del gobierno de Juan Pablo Rojas Paúl, el historiador Landaeta Rosales escribió la Gran Recopilación Geográfica, Estadística e Histórica de Venezuela, tomo I y II, que comenzó a circular en nuestro país en 1890. Trabajo que fue reeditado por el Banco Central de Venezuela en 1963, y el cual, por la importancia de su contenido, es consultado con cierta frecuencia por una buena cantidad de estudiantes interesados por conocer gran parte de nuestra historia.
[7] María Cristina de Austria, viuda de Alfonso XII, Reina Regente de España, por ser Alfonso XIII un niño cuando muere su padre. Durante su reinado Venezuela perdió gran parte de su territorio con el llamado Laudo Arbitral del 16 de marzo de 1891.
La Comisión que redactó el laudo, actuó a favor de Colombia, pues desestimó los títulos presentados por Venezuela, y, descaradamente, tomó partido por el país vecino, el cual le demostró su complacencia a España por esa decisión a su favor, obsequiándole a la Reina Regente una enorme cantidad de piezas de orfebrería realizadas en oro por los indios Quimbayas, en la época pre-colombina.
En 1992, los colombianos tuvieron la desfachatez de reclamarle ese tesoro a España, argumentando que esas piezas de orfebrería eran patrimonio cultural de su nación…

Bibliografía

·      Diario La Opinión Nacional. Caracas, 1889

·      La Revista Universal Ilustrada. Caracas, 1889

·      Manuel, Landaeta Rosales. La Morera en Venezuela.El Nuevo Diario, Caracas. 21 de Mayo de 1919

·      Landaeta, Rosales, Manuel. Gran Recopilación Geográfica Estadística e Histórica de Venezuela. Tomos I y II. Reedición del Banco Central de Venezuela, 1963, Caracas

·      Pisani, Napoleón Arturo Michelena, 127 años de su nacimiento. Diario La Religión, Caracas, dias14/06/90 y 16/06/90

·      Martí, José. Revista La Edad de Oro. N°. 3. Edición de la Cátedra de Literatura Infantil José Martí, Caracas, 1998.
·      Valery Salvatierra, Rafael: La Territorialidad de Venezuela. Fundación Empresas Polar, Caracas, 2006

·      Sucre, Nacha: Alicia, Eduardo, una parte de la vida.Fundación Empresas Polar, caracas, 2009

·      Dalí, Michel La Torre Eiffel cumple 120 años..Corresponsal de Prensa Latina en Paris. Diario VEA, Caracas 22 de marzo del 2009.


Material gráfico, agradecimientos a:

Ø     artehistoriajcyl.es  
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